El muestreo de suelo permite conocer el estado nutricional y la fertilidad de un lote antes de implantar un cultivo. En Argentina, se muestrea en promedio el 25% de los lotes existentes, por lo que contar con esta información constituye un punto de partida fundamental para definir una estrategia de fertilización ajustada a las condiciones de cada ambiente y al rendimiento esperado.

A partir del análisis es posible conocer el contenido de materia orgánica, los niveles de nutrientes como nitrógeno, fósforo y azufre, y características químicas del suelo como pH, saturación de bases y capacidad de intercambio catiónico. También puede ayudar a identificar algunas limitantes para el desarrollo del cultivo, como la profundidad a la que se encuentra la tosca.

En presiembra de maíz, contar con esta información permite anticipar la disponibilidad de nutrientes y planificar la fertilización antes de que comience el ciclo del cultivo.

¿Qué información aporta un análisis de suelo?

Los resultados permiten establecer el punto de partida del lote y determinar qué nutrientes se encuentran disponibles y cuáles podrían presentar deficiencias en función de los objetivos de rendimiento.

Con esa información se puede definir con mayor precisión:

  • Qué nutrientes es necesario aportar.
  • Qué fuente de fertilizante utilizar.
  • Cuánto fertilizante aplicar.
  • Cuándo realizar las aplicaciones.
  • Cómo aplicar los nutrientes.
  • Qué potencial productivo tiene el lote y qué factores pueden limitarlo.

De esta manera, las decisiones dejan de basarse únicamente en estimaciones, antecedentes generales o prácticas habituales de la zona, sino que se toman con información concreta sobre las condiciones del lote.

¿Qué variables conviene analizar?

La importancia de cada variable dependerá del cultivo, el ambiente productivo y el historial del lote. Sin embargo, algunos indicadores suelen ser especialmente relevantes al momento de realizar un diagnóstico de fertilidad.

Materia orgánica: es uno de los principales indicadores de calidad del suelo. Influye en la disponibilidad de nutrientes, la retención de agua, la actividad biológica y la estructura. También constituye una fuente natural de nitrógeno para los cultivos.

Nitrógeno (N): es uno de los nutrientes más demandados por los cultivos. Conocer su disponibilidad permite ajustar las dosis de fertilización y evitar deficiencias o excesos.

Fósforo (P): participa en el desarrollo radicular, el establecimiento inicial del cultivo y la formación del rendimiento. Debido a su baja movilidad en el suelo, conocer sus niveles resulta importante para definir dosis y estrategias de aplicación.

Azufre (S): interviene en la síntesis de proteínas y en el aprovechamiento del nitrógeno.

Potasio (K): participa en la regulación hídrica, el transporte de azúcares y la tolerancia a situaciones de estrés. Su importancia aumenta en cultivos de alta extracción y en determinadas regiones productivas.

Zinc (Zn): uno de los micronutrientes más deficientes en gran parte del país. Participa en distintos procesos vinculados con el crecimiento y desarrollo del cultivo.

Boro (B): Si bien se necesita en cantidades muy pequeñas, su papel es crucial en numerosos procesos metabólicos. Su deficiencia es muy frecuente y puede comprometer seriamente el rendimiento y la calidad de la cosecha.

pH: indica la acidez o alcalinidad del suelo y condiciona la disponibilidad de distintos nutrientes. Valores inadecuados pueden limitar su absorción aun cuando estén presentes.

Dos personas preparando una muestra de suelo en un lote de maíz

Cómo realizar un muestreo representativo del lote

La precisión del laboratorio depende, en gran medida, de la calidad de la muestra que recibe. Si esa muestra no representa correctamente al lote, los resultados pueden llevar a recomendaciones de fertilización poco ajustadas.

El muestreo es, entonces, una de las etapas más sensibles de todo el proceso.

Entre los errores más frecuentes se encuentran:

  • Tomar pocas submuestras. Recorrer el lote y realizar pocos piques aumenta el riesgo de que la muestra no represente su variabilidad.
  • Mezclar ambientes diferentes. Sectores con distinta productividad, relieve, textura o historia de manejo, como lomas y bajos, no deberían incluirse en una misma muestra.
  • Muestrear cerca de anomalías. Conviene evitar sectores próximos a alambrados, montes, aguadas, caminos, comederos, bebederos o lugares donde se hayan acumulado fertilizantes o estiércol.
  • No respetar la profundidad de muestreo. Cada parámetro requiere una profundidad determinada. Por ejemplo, para evaluar fósforo puede utilizarse una muestra de 0 a 20 cm, mientras que para nitrógeno pueden considerarse estratos de 0-20, 20-40 y 40-60 cm.
  • Utilizar herramientas contaminadas. Palas, barrenos o baldes con restos de fertilizantes, cal, tierra de otros lotes u óxido pueden alterar la muestra.
  • Muestrear inmediatamente después de fertilizar. Los nutrientes aplicados recientemente pueden no haberse distribuido de manera homogénea en el suelo.
  • Conservar o enviar incorrectamente las muestras. Es importante rotularlas correctamente y, cuando corresponde, mantenerlas refrigeradas hasta su llegada al laboratorio.

¿Cada cuánto conviene realizar un muestreo de suelo?

La frecuencia del muestreo dependerá de la intensidad del sistema productivo, la variabilidad del lote y los objetivos de manejo. Sin embargo, como recomendación general, se aconseja realizar un análisis de suelo al menos cada 2 o 3 años para monitorear la evolución de la fertilidad y ajustar las estrategias de fertilización.

En sistemas intensivos, con altos rendimientos o cuando se trabaja con un manejo más preciso por ambientes, puede ser conveniente realizarlo todos los años o antes de campañas consideradas importantes.

El suelo cambia con el tiempo: cada cultivo extrae nutrientes, los fertilizantes reponen una parte y las condiciones climáticas modifican su disponibilidad.

También conviene mantener cierta consistencia en el momento del muestreo para poder comparar resultados entre campañas. Puede realizarse:

  • Antes de la siembra.
  • Luego de la cosecha o antes de planificar la fertilización.
  • En una época similar del año.
  • Evitando períodos inmediatamente posteriores a aplicaciones de fertilizantes.

Muestreo de suelo en presiembra de maíz

La presiembra de maíz es un momento adecuado para realizar el muestreo porque permite conocer con anticipación la disponibilidad de nutrientes y el estado de fertilidad del lote.

El maíz presenta una alta demanda nutricional, especialmente de nitrógeno, fósforo, azufre y, en determinados ambientes, zinc. Contar con información del suelo antes de la siembra ayuda a ajustar las dosis de fertilizante según las necesidades del cultivo y el objetivo de rendimiento.

Para completar el diagnóstico también resulta útil reunir información sobre:

  • El historial productivo del lote: incluidos los rendimientos obtenidos en campañas anteriores.
  • El cultivo antecesor: puede modificar la disponibilidad de nutrientes y el aporte de residuos al sistema. Una leguminosa, por ejemplo, puede contribuir con parte del nitrógeno que utilizará el maíz.
  • El objetivo de rendimiento: la demanda nutricional aumenta a medida que crece el potencial esperado. Una estrategia para un objetivo de 6 t/ha no será la misma que para uno de 12 t/ha.
  • Los ambientes dentro del lote: identificar sectores de mayor y menor productividad permite ajustar las recomendaciones.
  • Las características físicas del suelo: textura, profundidad efectiva y capacidad de almacenamiento de agua, entre otras.
  • La disponibilidad hídrica al momento de la siembra: influye sobre el crecimiento inicial y la respuesta a la fertilización.
  • El historial de fertilización: permite evaluar balances de nutrientes e identificar posibles acumulaciones o deficiencias.

Cuanto más completo sea el diagnóstico, mayor será la información disponible para definir qué nutrientes aportar, en qué dosis, con qué fuente y en qué momento de aplicación.