Crecer de manera sostenible significa mucho más que alcanzar objetivos comerciales o cumplir metas en cifras. En Nutrien creemos que es fundamental ser conscientes y estar comprometidos con las comunidades donde estamos presentes, creando conexiones genuinas y generando resultados a largo plazo.
Promovemos la participación, el voluntariado, la educación, la inclusión y el impacto positivo. Invertimos tiempo, energía y recursos en iniciativas que buscan generar un cambio real en las personas y el entorno. Esta mirada fortalece nuestros vínculos y enriquece el aprendizaje de quienes eligen crecer, colaborar y desarrollarse junto a nosotros.
La participación de nuestros colaboradores tiene un rol fundamental en este camino. Su cercanía con las comunidades permite identificar oportunidades e impulsar propuestas que pueden convertirse en proyectos concretos.
Nutriendo el Futuro
Nutriendo el Futuro es un programa de responsabilidad social que invita a nuestros colaboradores a presentar iniciativas orientadas a mejorar la calidad de vida de personas que participan de ONGs ubicadas a una distancia de hasta 30 km de un agrocentro de Nutrien.
Las propuestas pueden contemplar nuevos proyectos o la ampliación y el fortalecimiento de aquellos ya existentes.
La educación, la inclusión digital, la producción sustentable y/o recupero de alimentos, la seguridad alimentaria y el cuidado del ambiente son los ejes centrales del programa, que en 2026 celebra su 5.ª edición.

Proyectos que nacen de vínculos cercanos
Detrás de cada propuesta hay colaboradores que conocen a las instituciones, sus historias y los proyectos que buscan desarrollar. En algunos casos, ese vínculo se construyó mucho antes de Nutriendo el Futuro.
Uno de ellos es el caso de Celeste Bartola, quien participó del programa en 2024 y 2025 junto a IPEA, Institución Educativa San Antonio – Cooperadora Melo, Provincia de Córdoba, la misma institución en la que cursó sus estudios secundarios.
Mi relación con el IPEA es muy del corazón. Es mi colegio, donde hice el secundario; somos la segunda promoción. Es una historia muy linda. Mi padre participó, junto con otros padres, en la búsqueda de que tuviéramos un colegio. Es una historia de mucho cariño.
En 2024, el proyecto presentado buscó darles un nuevo uso a los efluentes generados por la producción porcina. A través de un biofiltro, la propuesta de los estudiantes apuntó a separar y recuperar nutrientes de la materia fecal de los animales para producir fertilizante.
Además de trabajar sobre la reutilización de un residuo, el proyecto buscó generar una herramienta que pudiera acompañar a pequeños productores de la zona, transformando un material que antes era considerado un desperdicio en un recurso para sus parcelas.
La iniciativa tuvo continuidad en 2025, esta vez a partir de otra necesidad de la escuela. La institución buscaba avanzar en la producción de conejos, pero el costo y la disponibilidad del alimento balanceado representaban una dificultad. El nuevo proyecto se orientó entonces al autoabastecimiento y la producción propia de alimento balanceado.

Ambos proyectos se relacionan con un trabajo que los alumnos ya venían desarrollando en torno a la sustentabilidad y la economía circular: pensar el proceso productivo de manera integral y encontrar nuevas posibilidades para los recursos disponibles.
Para Celeste, participar también significa poder actuar como nexo entre la compañía y una institución que forma parte de su propia historia:
A mí, formar parte de una compañía que apoya este tipo de iniciativas me encanta. Es muy bueno que la empresa en la que trabajás le dé ese espacio a otras cosas que, muchas veces, en la diaria que nos lleva puestos, nos olvidamos. Y poder devolver a la comunidad, a algún lugar educativo u otras áreas también, un poco de lo bueno está buenísimo.
Una oportunidad para acercarse y participar
Federico Gaute, también colaborador de Nutrien, encontró en Nutriendo el Futuro la oportunidad de acercarse a una institución de su comunidad y conocer qué iniciativas necesitaban apoyo.
Todo comenzó en la reunión de lanzamiento, cuando vi los proyectos de años anteriores y se me ocurrió poder ayudar y presentar uno con alguna institución de Alberti. ¿Y por qué no animarme y aprovechar la oportunidad de hacerlo?
Así llegó a la EESA N.º 1 Alberti Eduardo Clausz – Asociación Cooperadora Escuela Agraria en Alberti, Provincia de Buenos Aires, una institución con una larga trayectoria en la localidad y una comunidad educativa en crecimiento.

El proyecto presentado en 2025 estuvo orientado a la elaboración de alimentos bajo protocolos de calidad. Los alumnos pudieron aplicar los conocimientos adquiridos durante su formación, producir alimentos para abastecer al comedor escolar y a un hogar de ancianos, además de comercializar parte de la producción dentro de la comunidad.
Para Federico, esa experiencia también refleja un punto de encuentro entre el propósito de la compañía y la formación de quienes en el futuro estarán vinculados con la producción de alimentos:
Estas propuestas de la compañía muestran que están alineadas con sus objetivos. Uno de sus lemas es alimentar el futuro y, justamente, poder participar en este proyecto de la escuela agraria, donde se educa a chicos que están aprendiendo sobre producción alimentaria, me pareció una oportunidad importante para ayudar y aportar, aunque sea algo.
Estas iniciativas reflejan la importancia de reconocer que formamos parte del entramado social y ambiental en el que desarrollamos nuestras actividades. Cada acción, cada proyecto y cada vínculo que construimos refuerzan una idea que compartimos: el crecimiento es más valioso cuando se comparte.
Y, sin dudas, también se convierte en un enorme aprendizaje para quienes participan como voluntarios. Estas experiencias marcan un antes y un después en la forma de relacionarse con su comunidad, fortaleciendo su compromiso social y su mirada sobre el impacto que pueden generar.



