Las fuentes de nitrógeno disponibles para la fertilización presentan diferencias en su concentración, forma física, composición y modalidad de aplicación. Estas características influyen en su manejo y en la elección de la alternativa más adecuada para cada cultivo y situación productiva.

Entre las principales fuentes encontramos fertilizantes de alta concentración, como el amoníaco anhidro y la urea. También existen fuentes líquidas, como el UAN, que ofrecen practicidad operativa y compatibilidad con aplicaciones localizadas o fertirriego. Por otro lado, algunas fuentes combinan nitrógeno con nutrientes complementarios, como azufre, calcio, fósforo o sodio, aportando beneficios adicionales para determinados cultivos y situaciones productivas.

A continuación, se detallan las principales fuentes nitrogenadas y sus características más relevantes:

Los fertilizantes nitrogenados sólidos pueden presentarse en distintos formatos. En el caso de la urea, se comercializa en forma perlada o granulada.

A nivel mundial, predomina la presentación granulada, que suele considerarse de mejor calidad debido a su mayor resistencia al aplastamiento, mejor uniformidad de tamaño de partícula y menor generación de polvo durante el almacenamiento, transporte y manipulación.

En Argentina, donde actualmente la forma perlada no se utiliza, la urea es la fuente de nitrógeno más utilizada y generalmente se aplica al voleo en cobertura total, con o sin incorporación al suelo.

Una de sus principales ventajas es su elevada concentración de nitrógeno: contiene un 46% de N, lo que la convierte en una de las fuentes nitrogenadas sólidas más concentradas disponibles en el mercado. Esta característica permite reducir los costos de transporte, almacenamiento y aplicación en comparación con fertilizantes de menor concentración, además de facilitar su utilización en mezclas físicas con otros fertilizantes.

Otro aspecto destacado es su alta solubilidad, que favorece su incorporación al suelo a través del rocío, las lluvias o el riego. Esto permite que el nitrógeno esté disponible para los cultivos una vez que la urea es transformada en formas asimilables por las plantas.

¿Qué sucede con la urea una vez aplicada al suelo?

Una vez aplicada al suelo, la urea no puede ser aprovechada directamente por las plantas en su forma original. Para que el nitrógeno contenido en ella esté disponible para los cultivos, debe transformarse previamente mediante un proceso denominado hidrólisis.

Cuando la urea entra en contacto con la humedad del suelo, es degradada por la enzima ureasa. Como resultado de esta reacción, se genera amoníaco (NH₃), que en el suelo se encuentra en equilibrio con el ion amonio (NH₄⁺). El NH₄⁺ puede posteriormente convertirse en nitrato (NO₃⁻), y ambas formas pueden ser absorbidas por las plantas.

Durante la hidrólisis se produce un aumento temporario del pH en el entorno inmediato del gránulo de fertilizante. Este incremento favorece la transformación de parte del amonio en amoníaco gaseoso (NH₃), que puede perderse hacia la atmósfera mediante un proceso conocido como volatilización de nitrógeno.

Estas pérdidas reducen la eficiencia de uso del nitrógeno y disminuyen la cantidad del nutriente disponible para el cultivo. La volatilización constituye una de las principales vías de pérdida cuando la urea es aplicada en superficie y no es incorporada al suelo por lluvias, riego o labores mecánicas.

Factores que favorecen la volatilización

Entre las condiciones que pueden favorecer este proceso se encuentran:

  • Suelos con pH elevado o alcalino.
  • Temperaturas altas.
  • Escasa humedad o ausencia de precipitaciones luego de la aplicación.
  • Presencia de abundantes residuos vegetales sobre la superficie.
  • Baja capacidad de intercambio catiónico (CIC).
  • Aplicaciones superficiales sin incorporación.
  • Vientos intensos.
  • Dosis elevadas de fertilizante.

Prácticas como la incorporación mecánica de la urea, la ocurrencia de lluvias oportunas o el uso de tecnologías con inhibidores de la ureasa, como el NBPT, permiten reducir significativamente las pérdidas por volatilización y mejorar la eficiencia de uso del nitrógeno.

Urea protegida: diferencias frente a la urea convencional

Detalle de urea protegida para fertilización nitrogenada

La urea protegida es un fertilizante nitrogenado al que se le incorpora una tecnología específica mediante la aplicación de un recubrimiento sobre cada gránulo de urea. Una de las tecnologías utilizadas consiste en incorporar inhibidores de la ureasa, como el NBPT (Triamida N-(n-butil) tiofosfórica).

En el caso de la urea protegida comercializada por Nutrien Ag Solutions, por ejemplo, el tratamiento incluye NBPT.

Este inhibidor actúa reduciendo temporalmente la actividad de la enzima ureasa, responsable de la hidrólisis de la urea en el suelo. De esta manera, retrasa su transformación y disminuye el riesgo de pérdidas de nitrógeno por volatilización de amoníaco, especialmente cuando el fertilizante permanece en superficie y no es incorporado por lluvias.

El NBPT no elimina la necesidad de humedad para que la urea se incorpore al suelo. Su función principal es retrasar la hidrólisis y ganar tiempo para que el fertilizante sea incorporado por una lluvia, riego o labor antes de que se produzcan pérdidas importantes por volatilización.

La principal diferencia frente a una urea convencional radica en la incorporación del inhibidor de la ureasa. Como resultado, la urea protegida permite conservar una mayor proporción del nitrógeno aplicado, reducir las pérdidas por volatilización y favorecer un mejor aprovechamiento del nutriente y de la inversión realizada en fertilización.

¿Cuándo conviene utilizar urea protegida?

Su uso resulta particularmente recomendable en:

  • Aplicaciones superficiales sin incorporación mecánica, especialmente en sistemas de siembra directa.
  • Situaciones donde no se esperan lluvias significativas en los días posteriores a la fertilización.
  • Ambientes con temperaturas elevadas, que aceleran la actividad de la enzima ureasa y favorecen la volatilización.
  • Suelos de pH neutro a alcalino.
  • Lotes con abundante cobertura o residuos vegetales en superficie, donde existe una elevada actividad ureásica.
  • Aplicaciones anticipadas, cuando se busca ganar tiempo operativo sin depender inmediatamente de una lluvia que incorpore el fertilizante.

Urea protegida en trigo y maíz

La urea protegida puede utilizarse tanto en trigo como en maíz en aquellas situaciones donde exista riesgo de pérdidas de nitrógeno por volatilización. Sin embargo, debido a las diferencias en el ciclo de ambos cultivos y en las condiciones ambientales en las que habitualmente se realiza la fertilización, la importancia de su uso puede variar.

En trigo

El nitrógeno es el principal elemento requerido para la producción de los cereales de invierno, como el trigo. Sus deficiencias pueden afectar tanto el rendimiento como el contenido de proteína, haciendo que su manejo sea estratégico para la producción del cultivo.

La urea protegida puede utilizarse tanto en aplicaciones realizadas en estadios iniciales como en fertilizaciones complementarias durante el ciclo.

Su uso resulta especialmente valioso cuando se realizan aplicaciones durante el ciclo y no existe certeza de que ocurran lluvias suficientes para incorporar el fertilizante en los días posteriores.

Asimismo, puede ser una herramienta útil cuando se decide fraccionar la dosis de nitrógeno y realizar una segunda aplicación durante el macollaje o el encañazón, contribuyendo a reducir las pérdidas por volatilización y mejorar la eficiencia del nutriente.

En maíz

En maíz, la urea protegida adquiere aún mayor relevancia debido a que muchas aplicaciones nitrogenadas se realizan durante períodos de temperaturas más elevadas y, en numerosos ambientes, bajo condiciones de limitada humedad superficial.

Estas situaciones favorecen la volatilización del amoníaco y aumentan el riesgo de pérdidas de nitrógeno cuando se utiliza urea convencional. La incorporación de tecnologías con inhibidores de la ureasa permite proteger el nutriente durante los días posteriores a la aplicación y mejorar su aprovechamiento por parte del cultivo.

Idealmente, la fertilización debería acompañar los momentos de mayor demanda fisiológica del maíz, que aumenta luego del estadio V5-V6 y se maximiza en torno a la floración, considerando también condiciones ambientales adecuadas, particularmente de humedad.

Manejo del nitrógeno en campañas con influencia de El Niño

En una campaña influenciada por el fenómeno El Niño, es importante ajustar la estrategia de fertilización nitrogenada frente a una mayor frecuencia e intensidad de precipitaciones.

Una alternativa es fraccionar las dosis de nitrógeno en lugar de concentrar toda la aplicación al inicio del ciclo. Esta estrategia permite acompañar mejor la demanda del cultivo y reducir el riesgo de pérdidas por lavado o lixiviación, particularmente en suelos de textura gruesa o en ambientes con alta probabilidad de precipitaciones.

También puede ser conveniente utilizar fertilizantes estabilizados o tecnologías que protejan el nitrógeno. Los inhibidores de ureasa, como el NBPT, ayudan a reducir las pérdidas por volatilización de NH₃, mientras que los inhibidores de nitrificación pueden contribuir a disminuir pérdidas asociadas al nitrato, como lixiviación y desnitrificación.

El manejo por ambientes también cobra relevancia en este contexto. Identificar sectores con diferente potencial productivo y comportamiento hídrico permite ajustar la dosis de nitrógeno según las necesidades específicas de cada ambiente. Lomas y bajos, por ejemplo, pueden presentar diferencias en disponibilidad de agua, capacidad de almacenamiento y riesgo de pérdidas de nutrientes.

Fuentes consultadas

  • Fernández del Pozo, Miguel. La urea, fertilizante nitrogenado. Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA), Chile.
  • Echeverría, Hernán E.; García, Fernando O. (comp.). Fertilidad de suelos y fertilización de cultivos.
  • Equipo del Proyecto Fertilizar – INTA Pergamino. Reacción de los fertilizantes en el suelo. Volatilización de amoníaco a partir de la urea.
  • Ferraris, Gustavo N.; Couretot, Lucrecia A.; Toribio, Mirta. Pérdidas de nitrógeno por volatilización y su implicancia en el rendimiento del cultivo de maíz: efectos de fuente, dosis y uso de inhibidores.